Tengo riesgo de morir corriendo ?
Después de lo ocurrido en una carrera reciente, es completamente normal que a más de uno se le cruce por la cabeza la misma pregunta incómoda mientras se amarra los tenis: ¿Correr una carrera de running puede ser peligroso para mi corazón?
La respuesta corta y directa es que el riesgo de sufrir un evento cardíaco grave o un paro cardíaco durante una carrera de larga distancia es extremadamente bajo, pero no es cero. Y lo más importante es entender que no todos los corredores enfrentan el mismo escenario.
Antes de pensar únicamente en el ritmo, los kilómetros o la marca personal, vale la pena detenernos un momento a responder una pregunta fundamental: ¿Conozco realmente mi corazón?
El riesgo y el origen de los problemas cardíacos cambian por completo dependiendo de cuántos años tiene el deportista:
Menores de 35 años: El paro cardíaco durante el ejercicio suele deberse a problemas eléctricos (arritmias) o estructurales de nacimiento (como malformaciones en el sistema eléctrico o en las arterias del corazón) que muchas veces no avisan.
Mayores de 35 años: Alrededor del 80% de los casos se deben a la acumulación de placa de colesterol (arterioesclerosis) en las arterias. El mayor riesgo aquí lo tienen quienes llevan años inactivos, que no asisten a chequeos médicos, que no conocen sus cifras tensionales, que no se cuidan en su alimentación, que viven estresados, que no tienen un adecuado patrón de sueño y descanso, que no se toman laboratorios o paraclínicos periódicamente y deciden inscribirse de la noche a la mañana en una exigente competencia sin una base adecuada de entrenamiento.
Ojo con esto: La placa de colesterol empieza a formarse desde la adolescencia. Por eso, cuidar los lípidos, la presión y la glucosa no es cosa exclusiva de la tercera edad; hay que empezar a prestarles atención mucho antes. Estar en buena condición física tampoco significa automáticamente tener un riesgo cardiovascular de cero.
La prueba de esfuerzo no es la solución - es una orientación
Existe la falsa creencia de que mandarse a hacer una prueba de esfuerzo ("la de los electrodos corriendo en la banda") antes de una carrera nos da un seguro de vida automático. La realidad es distinta:
No detecta placas blandas: La prueba mide flujo de sangre y la respuesta eléctrica o funcional, pero no cuánta placa blanda hay acumulada en las paredes de las arterias. Si una obstrucción es leve (por ejemplo, ocupa el 30%), la prueba puede salir perfecta y aun así la placa estar ahí.
Falsos positivos: En personas sanas, sin síntomas y con bajo riesgo, hacer pruebas de forma indiscriminada suele generar una cadena de sustos innecesarios y exámenes invasivos que no aportan valor real. Sin embargo si el resultado es negativo (normal) genera tranquilidad mental.
¿Cuándo sí está indicada la prueba de esfuerzo? Tiene mucho más sentido cuando una persona era completamente sedentaria y va a empezar a entrenar muy fuerte, cuando existen factores de riesgo importantes, antecedentes familiares o cuando ya hay signos y o síntomas de alerta.
Los exámenes de sangre que de verdad importan
Si queremos ir más allá de lo tradicional para conocer nuestra salud a largo plazo, las guías actuales de cardiología del deporte recomiendan prestar atención a datos clave:
Presión arterial.
Colesterol LDL y colesterol no-HDL.
Apolipoproteína B (ApoB): Mide la cantidad real de partículas de colesterol capaces de infiltrarse y dañar la pared de las arterias, ofreciendo una precisión mucho mayor que el colesterol LDL convencional.
Lipoproteína(a) o Lp(a): Es una partícula hereditaria cuyo valor depende en un 90% de la genética. Explica por qué a veces se presenta un infarto en un deportista joven, delgado y sin malos hábitos. Puede estar elevada incluso con un colesterol aparentemente normal, por lo que se recomienda conocer el nivel al menos una vez en la vida.
Glucosa y hemoglobina glicosilada.
Hemograma
(Sobre el score de calcio coronario, es una herramienta útil en determinados casos de riesgo dudoso, pero no está indicado de forma rutinaria en runners jóvenes o de bajo riesgo sin síntomas. Y algo vital: si se detecta calcio, no significa que haya que dejar de correr, sino que debemos tratarlo adecuadamente y seguir protegiendo nuestra salud).
Las señales de alarma que nunca debemos ignorar
No necesitamos equipos sofisticados para saber si nuestro cuerpo nos está pidiendo una cita médica casi que urgente. Debemos detenernos y consultar al médico si experimentamos:
❤️ Dolor, opresión o una extraña apretazón en el pecho al esforzarnos.
😮💨 Falta de aire exagerada y desproporcionada para el ritmo que manejamos habitualmente.
😵 Desmayos o mareos intensos durante el ejercicio.
💓 Palpitaciones repentinas o acompañadas de mareo.
📉 Una caída súbita e inexplicable del rendimiento (si de un mes para otro no podemos mantener el paso que siempre hacíamos, no es pereza, es una señal de alerta).
👪 Antecedentes familiares directos de muerte súbita antes de los 50 años.
Hábitos inteligentes en la ruta
La carrera es el examen final, no el curso: Uno de los errores más frecuentes es pasar de la inactividad a querer completar 10 - 21 o 42 kms en pocas semanas. El corazón, los músculos y los tendones necesitan tiempo para adaptarse de forma progresiva.
Hidratación con cabeza: Tomar agua "por obligación" o en exceso no es más seguro; puede diluir peligrosamente el sodio en la sangre y causar hiponatremia. La hidratación debe individualizarse según el clima, la duración y las necesidades reales.
Lo que de verdad salva vidas en la ruta
Los datos mundiales de carreras de larga distancia muestran que la cantidad de paros cardíacos en carrera no ha bajado drásticamente, pero la probabilidad de sobrevivir a ellos se duplicó en los últimos años.
¿Por qué? Por los equipos de emergencia. La clave no es un papel con exámenes médicos en la mano; es que la organización tenga desfibriladores automáticos (DEA) listos y personal capacitado para reaccionar en menos de tres minutos.
Capacitar a los mismos corredores y participantes de la competencia en reconocer el paro cardiaco - asistolia y poder alertar inmediatamente al personal de salud de la organización del evento e iniciar las maniobras de reanimación lo más pronto posible juega un papel fundamental porque los segundos valen oro en estas críticas situaciones donde mantener la oxigenación cerebral es el objetivo principal.
Entonces ¿Correr puede dañar el corazón?
No. El ejercicio regular e intenso disminuye de manera drástica el riesgo cardiovascular a largo plazo. Aunque durante una hora de esfuerzo fuerte el riesgo aumente de forma transitoria, se reduce de forma impresionante durante las otras 23 horas del día.
El deporte no le inventa una enfermedad al corazón: simplemente pone en evidencia aquello que ya venía formándose en silencio. La clave no es colgar los tenis, sino conocerse a fondo, entrenar con cabeza, respetar los procesos de adaptación y escuchar al cuerpo.
🏁 Corre por salud, no solamente por una medalla
Si vas a correr 5K, 10K, 21K o 42K, no pienses únicamente en tu tiempo.
Piensa también en tu corazón.
Conoce tu presión arterial.
Conoce tu colesterol.
Conoce tu Lp(a).
Conoce tu apolipóproteina B (ApoB)
Conoce tus antecedentes familiares (padres, hermanos, tíos y abuelos)
Escucha tus síntomas.
Entrena progresivamente.
Descansa.
Hidrátate de manera adecuada.
Porque correr para vivir es mucho más importante que vivir para correr.